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Estoy fascinada con el libro 'El club de las modernas', de Eva Cosculluela, un regalo de mi amiga Eva que me conecta aún más con este pensamiento. El capítulo 4 del libro se titula 'Queremos una sociedad mejor' donde desgrana alguna de las acciones que llevaron a cabo mujeres como Clara Campoamor, María de Maeztu, Victoria Kent o María Teresa León, desde el Lyceum Club Femenino (la primera asociación feminista), con el fin de que las leyes fueran igualitarias. Uno de los objetivos que se plantearon fue precisamente eliminar el artículo 438 del Cógido Penal y que la autora reproduce en el libro: "El marido, que sorprendiendo en adulterio a su mujer, matare en el acto a esta o al adúltero o les causare alguna de las lesiones graves, será castigado con la pena de destierro. Si les causara lesiones de otra clase, quedará exento de pena". La autora aclara que "no hace falta decir que a este artículo no se le podía aplicar ninguna reciprocidad". Tengo pendiente la lectura de la novela de Carmen de Burgos titulada justo así, 'El artículo 438'.
Mientras leía la historia sobre la lucha de estas mujeres por la eliminación del artículo 438 pensaba en la frase de Simone de Beauvoir, donde nos advertía de que los derechos nunca están garantizados y que debíamos estar vigilantes toda la vida. En estos momentos comprobamos horrorizadas cómo el neofascismo pasa de la teoría a la práctica, auspiciado por partidos que se apuntan a cruzar las líneas rojas de los derechos humanos por pura gula partidista. Y nosotras entramos en estado de shock porque los derechos los conquistaron otras, otras se expusieron, otras sacrificaron su prestigio y carrera profesional, me acuerdo de Clara Campoamor, y de su lucha por el derecho al voto de las mujeres. Porque la igualdad estaba por encima de todo, porque los derechos no se negocian.
Me acuerdo también de las mujeres que aparecen en la serie Mrs. America, como Gloria Steinem, Betty Friedan o Shirley Chisholm, y de su lucha por la igualdad de derechos en los años 70. Las olas feministas sacuden nuestro tiempo para recordarnos que tenemos que seguir remando. Por eso también me acuerdo de mi madre y de las mujeres que sufrieron los designios perversos del nacionalcatolicismo. De esto no hace mucho. Todos los pasos que se han dado no han sido avances gratuitos. Muchas mujeres sufrieron represalias, vejaciones, torturas y humillaciones por defender la igualdad. Esta melodía hoy suena de fondo y nos revuelve.
Es tan complicado el escenario que estamos viviendo que muchas veces nos fallan las fuerzas y nos sentimos derrotadas e invadidas por la desesperanza. Hartas de hacer pedagogía nos vemos confrontadas por mensajes que cuestionan el relato feminista (respaldado por innumerables tesis e investigaciones) con el fin de invalidarlo y menospreciarlo, y es agotador escuchar e intentar revertir el discurso reaccionario. Por eso la lectura de 'El club de las modernas' ha supuesto un revulsivo. Reviso la historia del Lyceum y pienso en las mujeres que nos precedieron. Por ellas, por las que lucharon por nosotras, por las que vendrán, por las que ya no están. Por todas debemos seguir construyendo olas.
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