Tuve que ver dos veces el documental 'Ellas en la ciudad', la segunda con papel y lápiz, para no perderme ni un detalle de los testimonios de las mujeres de esta historia, construida con una memoria feminista imprescindible. Sin nuestras madres y abuelas los barrios periféricos de las ciudades, construidos de la nada, hubieran transitado sin alma por nuestras vidas. Sin embargo, las mujeres que vivieron la transición y los primeros años en democracia se echaron a la espalda la responsabilidad de reivindicar derechos en espacios de asfalto y ruido, donde vivir era más bien una misión autómata.
Las protagonistas de 'Ellas en la ciudad', de Reyes Gallego, son mujeres que habitaron los barrios periféricos de Sevilla construidos en los 80 y que con su relato visibilizan una realidad que atraviesa los barrios de otras ciudades españolas. Cuando escuchaba a Juani, a Victoria, a Nati o a Toñi veía en ellas a las mujeres de mi barrio Santa Catalina, de Aranda de Duero. En realidad, estos nombres anónimos suenan en todos los barrios, aunque no se escriban en las calles.
Reyes Gallego, arquitecta y urbanista, vio en estas mujeres el sostén de los barrios y se preguntaba "¿qué serían los barrios sin ellas?". Por eso quiso conocerlos a través de la mirada profunda de sus vecinas, porque sin ellas nada. A partir de los testimonios de sus protagonistas se obtiene un análisis de construcción de los barrios muy valioso, que ayuda a diseñar las ciudades con las personas en el centro.
Las mujeres llegaron a la periferia con la ilusión de comenzar un proyecto de vida, pero enseguida se dieron cuenta de que era una "ciudad diseñada por hombres que se presentaba como la ciudad del futuro". Pero, ¿qué futuro y para quién? Ellas tiraban de la familia, de los cuidados, de una cotidianidad coloreada de un gris hormigón insoportable. Sin embargo, todo este trabajo invisible que sostenía a la familia se veía frustrado por las características de un barrio inhabitable. Las quejas individuales pronto se convertirían en una lucha comunitaria, liderada por las mujeres.
El visionado de este documental me ha ayudado a mirar los barrios desde sus entrañas y a valorar su composición antropológica y social, más allá de lo estético y turísticamente apetecible, el objetivo dominante. Las ciudades deben comprometerse a situar la vida en el centro y a garantizar derechos y oportunidades. La periferia no puede rendirse al ostracismo. Victoria, una de sus protagonistas, explicaba que vivían en un barrio "sin servicios, sin ascensor, con todo lejos, que solo había asfalto, sin agua potable y con cargas familiares". Decía que le hubiera gustado estudiar, pero ¿cómo? El barrio las empujaba hacia la resignación.
Las mujeres desde la experiencia detectaban las necesidades: ¿Quién compraba? ¿Quién llevaba a las criaturas al cole o al centro de salud? ¿Quién iba al mercado? Maribel enseguida fue consciente de que sin carné de conducir y sin servicios públicos se quedaban aisladas. Sin planificar, el barrio había olvidado a más de la mitad de la población que dependía del coche, pero que tiraba constantemente de los carros. "¿Y si los barrios los hubieran diseñado mujeres?", se preguntaba.
Las mujeres crecieron en los barrios periféricos para resignificarlos. Comenzaron a formarse en el centro de personas adultas para superar las barreras del sistema patriarcal y así redefinir su destino. Se colocaron detrás de la pancarta para avanzar en todas las reivindicaciones, liderando la transformación del barrio. Desde la sororidad y la red feminista consiguieron salir del aislamiento.
"¿Cómo os imagináis la ciudad?", pregunta casi al final del documental Reyes Gallego a sus protagonistas. "Sin barreras, peatonal, centros funcionando con la colaboración vecinal, que se tenga en cuenta a los vecinos, que no se pierda la memoria, que la plaza se llame Mina...", contestan. La memoria de nuestros barrios está escrita por las mujeres que tiraron del carro todos los días. De eso va este documental, de dignificar su lucha, de recordar a las mujeres que consiguieron hacer de los barrios lugares más humanos.

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