Desde hace tiempo llevo apuntando ideas que me conectan con la comunidad, con su capacidad de transformación, aunque a veces el tejido social, tan complejo y desigual, se presente desgarrado para afrontar los retos y mirar con perspectiva las necesidades y sus procesos. Durante meses he escuchado muchas experiencias, he revisado proyectos y he leído artículos que me han acercado a problemas locales que hablan de falta de derechos y oportunidades en el medio rural.
Hace unos días presentábamos en Boceguillas (Segovia) el anuario del periódico digital ‘El Nordeste de Segovia’. Para su celebración e impulso del Club de lectores, y con el fin de fomentar la participación del público en el periódico digital, se organizó un podcast con cuatro mujeres que sostuvieron el relato sin perder ni un segundo la perspectiva rural, un término que emplea con mucho acierto la integradora social Evangelina Gutiérrez. La crónica de este encuentro la podéis leer aquí.
El podcast 'Voces del Nordeste', moderado por la coordinadora del periódico, Rosa Matías, y con las intervenciones de Mar Martín, gerente de CODINSE; Cristina Cristóbal, alcaldesa de Boceguillas; Gema García Ayuso, gerente de Carrefour Boceguillas; y Arantxa Rodríguez, responsable de gestión cultural del Museo del Paloteo de San Pedro de Gaíllos se convirtió en una reflexión comunitaria que dio paso a un coloquio final donde se visibilizaron problemas de la zona, y también proyectos culturales, sociales y educativos que ayudan a transformar y a mejorar la comarca.
Estos encuentros son importantes porque favorecen el pensamiento en voz alta, tejiendo una red de apoyo y comunicación, que por otra parte es imprescindible para romper la barrera del olvido, una debilidad -la falta de comunicación- que aísla a los pueblos. Por eso es vital comunicar, porque se dan a conocer los proyectos, pero también los problemas y las necesidades. Aquí el papel de la comunidad es clave. Mi contribución al anuario fue una tribuna reflexionando precisamente sobre el poder de la comunidad en el medio rural.
"A pesar de las resistencias, de las dificultades, nacen proyectos generados por la comunidad que dan respuesta a necesidades vecinales planteadas desde el sentido común, y que con mucho esfuerzo ven la luz", escribía, consciente de la importancia de la defensa de los derechos y de las oportunidades de los pueblos, desde la mirada honesta de las políticas activas, y que como apuntaba en el coloquio la alcaldesa de Boceguillas, Cristina Cristóbal, deben alejarse de la crispación e intereses partidistas.
Sin una comunidad implicada y organizada es muy difícil promover cambios. En este sentido, defendía en el artículo que "en el medio rural, salpicado de pueblos pequeños, toda la ciudadanía es corresponsable". Y ahondaba en la importancia de aplicar la perspectiva rural a los proyectos: "La dinamización social avanza a veces en solitario, con la fuerza de voluntad y recursos propios, y en ocasiones paralela a una legislación que no responde a las necesidades del contexto. Porque la comunidad es capaz de detectar necesidades que las instituciones no recogen en su agenda política, como la inclusión, la accesibilidad, la soledad no deseada, la violencia de género, el bienestar animal, una red sanitaria digna o la educación afectivo-sexual en jóvenes y adolescentes, entre otros asuntos".
Otro problema social acuciante, como es el acceso a una vivienda digna y asequible, lo abordaba mi compañera Patricia Díez en otra de las tribunas del anuario. "La crisis de la vivienda ya no es solo cosa de Madrid o Barcelona. En los pueblos lleva años instalada, aunque quizás haya pasado más desapercibida [...] Si no se actúa, el riesgo es claro. No tendremos pueblos con vida, sino pueblos bonitos, llenos algunos días y vacíos el resto del año", escribía. Y continuaba, reivindicando un derecho fundamental, imprescindible para asentar población y crear tejido social: "Nuestra comarca no necesita convertirse en un escaparate. Necesita casas habitadas, vecinos nuevos, familias que enciendan la luz todos los días".
Queremos vivir (en el medio rural) conscientemente, sin tener que defendernos de intereses especulativos que amenazan nuestros recursos. Por eso la comunidad es un antídoto contra el individualismo, el abono de la deshumanización. La desmovilización social, la desidia institucional y la falta de implicación colectiva favorecen el progresivo abandono de los pueblos. Un hecho que nos lleva a cuestionar el actual modelo social y económico, con la brecha de la desigualdad disparada. La resignación ante la pérdida de recursos y derechos no puede ser una opción. No podemos acostumbrarnos a la eliminación de servicios con total complacencia. Debemos dar la vuelta al argumentario porque los derechos no pueden medirse en rentabilidad.
En el mundo rural nos merecemos los mismos derechos y oportunidades. No queremos desarraigarnos. No quiero verme reflejada en una postal en blanco y negro. Me resisto a lo de siempre, una retahíla de estereotipos y pugnas estériles entre la ciudad y el campo, como si fueran dos universos incompatibles. No queremos urbanizar el mundo rural, lo queremos dignificar.

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